Entrevistador: Shunsuke Kurakata (historiador de la arquitectura)
La arquitectura modernista vio cómo las ventanas daban un gran paso adelante respecto a los conceptos y formas convencionales. Aquí examinaremos obras maestras de estos dos maestros, en las que «la propia ventana dice mucho de la arquitectura».
La Casa Robie de Frank Lloyd Wright es un proyecto residencial de estilo americano conocido como estilo de la pradera. Su forma sólida, pero a la vez expansiva, fue diseñada para integrarse con la naturaleza. Los aleros planos son profundos, y bajo ellos se encuentra una hilera de ventanas discretas que dejan entrar la luz y proporcionan ventilación.
Una característica distintiva del edificio es que muchas de sus ventanas son de vitral. Los diseños presentan motivos vegetales abstractos y patrones geométricos. Junto con la brillante luz, crean un ambiente elegante, ideal para reuniones sociales.
Las ventanas de Wright simbolizan la belleza de la vida. Esto también se relaciona con la filosofía arquitectónica orgánica que Wright defendía. Si bien posee funciones necesarias, el edificio en su conjunto debe satisfacer la mente y el cuerpo de las personas. Esta estética arquitectónica se expresa en las ventanas.
Por otro lado, fue Mies van der Rohe quien construyó la Casa Farnsworth, que se asemeja a una caja transparente.
Las partes del cristal que la rodean por los cuatro lados se pueden abrir o cerrar. La caja, que podría considerarse arte conceptual, adquiere la función de una ventana, convirtiéndola en una obra de arquitectura. El hecho de que el cristal sea una ventana es lo que convierte a la caja en un edificio. Mies rechazó la idea tradicional de «ventana» —algo que se abre en la oscuridad— y, al embellecer cada detalle, creó una presencia firme, como un templo de cristal. La ventana ilustra claramente la esencia de la belleza que los arquitectos buscan en la arquitectura.

Terminada en 1951, esta casa de fin de semana en las afueras de Chicago fue diseñada por el arquitecto alemán Ludwig Mies van der Rohe. Su espacio interior es homogéneo y libre, construido en acero y vidrio. El vidrio transparente, que sirve tanto de paredes como de ventanas, transmite una abrumadora sensación de materialidad. Al reducir al mínimo el grosor de los marcos y otros detalles, haciéndolos invisibles desde el exterior, crea una presencia imponente. Foto/VIEW Pictures/AFLO

