El origen de mi amor por las cestas: descubrí la alegría de cuidarlas y usarlas durante mucho tiempo.
Lo compré por unos 30.000 yenes en una tienda de Jiyugaoka de camino a casa después del instituto. Era caro, pero me pareció que debía tener uno. De vez en cuando lo limpio con un paño bien escurrido y lo seco a la sombra. Está hecho de buena tela y tiene un tejido tupido, así que nunca se desgasta, y cuanto más lo uso, más adquiere su propia personalidad.
Este fue el punto de partida de mi amor por las cestas, que perdura hasta el día de hoy. Quizás también fue una compra que me enseñó el principio de elegir las cosas: "Las cosas buenas duran mucho si se cuidan". Por ejemplo, creo que cultivó mi ojo para encontrar "cosas buenas si se cuidan", incluso entre los montones de objetos polvorientos de una tienda de artesanías mientras viajaba. No es algo que me conforme con comprar, sino algo que me acompañará toda la vida. Esa es mi mejor compra.
